lunes, 25 de febrero de 2013

Todo a su tiempo

Rafael Bustamante nació en el Siglo cien mil. Incubación normal, sin sobresaltos, corregidos los desperfectos genéticos –en otra época hubiese necesitado una barra de Harvard-. Rápidamente, como todo niño recién nacido adquirió conocimientos de física, química y demás. La sociedad ahora coexistía en un creative commons total, aquellos conocimientos que adquirías subían a la base de datos mundial y eran sabidos por todos en todos lados del universo en pocos segundos.

Rafael Bustamante era uno de los miles que nació en la gigantesca ciudad de Salta, en Argentina. Había Argentina todavía en esa época. Viajó por mundos y ciudades. Rafael Bustamante, a los 26 años, tuvo suerte. Se teletransportó a Corscan y con su gran inteligencia pudo descubrir los misterios sobre la relatividad del tiempo. Lo hizo justo en el momento en que una tormenta solar interfería con la suba de datos de su conocimiento. Egoísta, Rafael se teletransportó ya no solamente por el espacio, sino por el tiempo. Volvió a Salta, pero del Siglo XXI. Estaba contento, se sentía muy bien consigo mismo. 


En Salta, un día, conoció a Pacha. Se hicieron amigos y Pacha una tarde, en la pileta de Nacho –otro amigo-, cantó una canción. -Sostiene, se llama-, dijo. Rafa sonrió. Era un antihéroe y sin que nadie lo vea se teletransportó a Córdoba donde le cantó esa canción y se la enseñó al primer pibe que se cruzó en el camino con una guitarra. Ese chico se hacía llamar Nawe. Pacha no pudo creer cuando vio el video del hipster cantándola en esa cosa tan antigua para Rafael, Youtube.

– ¡Muchas visitas tiene!-, gritaba Pacha. – Te plagian, boludo, sos importante-, le respondió el Turco Hadad, otro amigo. 

Rafa, se reía mucho. Una noche salió a un bar y un tipo que Rafa no dijo el nombre por ser totalmente irrelevante para la historia, pero que recordaba porque su cerebro del siglo cien mil podía almacenarlo todo. Bueno, ese tipo le habló de las bondades de Maradona. – Dejó la merca-, dijo este joven, -es un grande-. La lamparita se prendió y Rafa viajó inmediatamente a la casa de Diego Armando que se disponía a cenar viendo Dawson’s Creek, cambió el contenido del salero por cocaína que ratos antes, en el año 1980, había extraído directamente de las arcas de Pablo Escobar, lo que resultó en 6 colombianos muertos a tiros por el mismísimo narco en sí.

Diego, más tarde, se encerró en el baño con el salero.

Rafa regresó al bar, sonriente, nadie notó su ausencia.

Así siguió. Hasta que un día probó algo distinto. –Un gato negro, es de mala suerte-, dijo un muchacho, mientras Rafa caminaba con 26 años por la Pueyrredón en el año 2015. Rafa sonrió, vio la enorme camioneta que venía y mientras le preguntaba al muchacho sobre el porqué de tal superstición, Rafa se teletransportó al pasado, segundos antes de aquella frase. Allí colocó al gato bajo la rueda de la camioneta, en un nanosegundo, y volvió la vereda de enfrente. El golpe seco llamó la atención del muchacho, que quedó aun más perplejo al darse cuenta de que el pibe con el que hablaba ya no estaba parado frente a él, estaba a 50 metros, del otro lado de la calle.

El hospital psiquiátrico, el Ragone tuvo un nuevo paciente.

Así estuvo Rafa. Paseando. Cuando vio en la tele que en tal lugar estaba Moyano hablando sobre un Palco con una pasarela justo encima de él. Cambió de canal y en tal lago había aguas negras, lo denunciaban los vecinos por el olor. Optó por algo osado, calculó que se necesitaban 4 Rafaeles para tomar un barril, llenarlo con aguas negras y luego descargarlo sobre la cabeza del líder sindicalista. Lo haría haciendo múltiples viajes espacio-temporales, de manera que pareciera que efectivamente eran cuatro los Rafaeles sosteniendo el recipiente, llenándolo y descargándolo.

Tomó el barril que lo robó de una petrolera a miles de kilómetros de su casa, nadie nunca lo sabría. Lo llenó. Uno de los Rafaeles se empapó en los desechos de muchas personas. Era un precio que había que pagar por la ¨copro-magia¨ que estaba por presenciar la gente en todos los televisores del mundo. Era obvio, Moyano iba a ser retransmitido por todos los noticieros del planeta. 

Sin embargo, algo salió mal. Rafael se equivocó y erró por un nanosegundo. En un mismo espacio-tiempo aparecieron dos réplicas de las mismas personas, de los mismos átomos que las formaban. Aquello resultó en la desaparición de los dos seres y de todos los Rafael Bustamante, incluso del feto en la incubadora del siglo cien mil. Aquello que no debía existir, no existiría. La física no permitía violaciones de sus leyes y las leyes que en teoría permitían la réplica instantánea de los mismos átomos en el mismo espacio-tiempo, estaban erradas.
Rafael lo supo, aunque paradójicamente ese Rafael nunca existió. Esto fue escrito por otro Rafael Bustamante.