jueves, 29 de noviembre de 2018

Perdón

Mañana quizás no vaya a marchar porque soy un borracho. Alcauciles.

DEJEMOS ESOS SUEÑOS DE MIERDA!

eso. Abajo, pura basura!

jueves, 23 de marzo de 2017

Mi sueño es

... escribir una carta suicida con sentido. Que evite que surjan comentarios como "pero era tan bueno", "pero se lo veía bien", o el peor de todos: "tenía todo un futuro por delante, un potencial". 

Una carta que despeje todas las dudas.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Vasectomía

¿Cómo puedo tener un hijo alguna vez, si yo no me traería jamás a este mundo a mí mismo?
¿Lo tendría por mí, porque yo quiero ser padre?,
Lo tendría, ¿para que su existencia sea mercantilizada y asumida desde el primer momento?
¿Para que tenga que trabajar o ganarse la vida a diario?
¿Para que intenten lavarle el cerebro con un ideal-de-su-yo en forma de un "exitoso-no-sé-qué"?
¿Por qué le haría eso a otra persona?
¿Qué clase de forro soy?
¿Cómo podría decirle que es libre, si ni siquiera pudo elegir existir?
¿Cómo podría tenerlo engañado sobre su subjetividad nunca particular, sino sometida a lo que nosotros creemos sabiendo o sin saber? ¿No debería emanciparme yo antes de traer a una persona a este mundo? Digo, al menos yo no quiero que alguien sufra por las cosas que yo no soy capaz de cuestionar. Como podría creer que hay algo superior a la emancipación de un ser que ya está condenado de antemano a no eligir existir. Traerlo preso de convenciones sociales, ¿por amor? ¿Por mí versión de amor? ¿Porque "yo quiero" tener la experiencia de ser padre? ¿Porque me hace más persona a mí?
Más aún, la decisión de tener un hijo puede tenerme de participe, pero las consecuencias de vivir las padece ese individuo, ¿acaso yo puedo garantizarle algo a alguien si no entiendo una mierda lo que es vivir?
Si alguien me hubiese preguntado antes, yo hubiese preferido jamás existir. Por respeto a mí hijo, yo jamás lo voy a tener.

lunes, 17 de octubre de 2016

Como si mi ocio fuese pecado

En el Banco me dicen que haga el depósito en el cajero automático, que ponga el cheque ahí y que ahorre tiempo.
Quieren que me vaya rápido, que no ocupe espacio, que sea un mero input y output, que no me siente.
Quieren que todo el trato lo tenga con una máquina. Las máquinas no cobran sueldos.
Quieren optimizar sus costos y optimizar mi tiempo para hacerme más productivo. El gran valor de esta época.
Pero me gusta sacar turnos lentos, nunca Vip, nunca rápido.
Me siento y leo. Leo por placer o pensando en el estudio. Amor al saber. Leo. A veces llevo los auriculares y me quedo escuchando música ahí, mientras un montón de viejitos que no saben usar el cajero van muriendo al lado mío. Se sientan, pobres, pasando sus últimas horas de vida. Muriendo como yo, ahí, lentamente, improductivos.

lunes, 23 de mayo de 2016

Piernas que cuelgan al vacío

Anoche, ufff, ¿cómo no decirlo? Anoche, que parecía una noche de insomnio y nada más, una de esas noches en las que no formo parte de la población durmiente. Anoche todo fue un sueño. Una pesadilla.
Daba vueltas en la cama puteándome. Pensando que eso es lo peor que me podía pasar. Pero siempre se puede estar peor. Sí, pasar de ¿cómo dormir sin fármacos? a ¿cómo dejar de sentir la adrenalina y el miedo?

Anoche vi una pierna colgando en el vacío. Seis pisos separaban esas piernas del suelo. 
Si la dueña de esas piernas caía, lo hacía en el patio de un departamento del primero. Justo al lado de un perro que ladra todas las noches y que nos rompe las bolas a todos. Y sí, ese perro iba a ladrar de nuevo. Iba a ladrarle a lo que quedaba de una mujer. 
Sangre, ladridos y muerte. La escena que mi vecino iba a lograr si seguía empujándola por la ventana.
Forro.
Yo ya dormía cuando ella gritó pidiendo auxilio. Al menos eso creo. Hay noches en las que no sé si duermo o si creo que duermo. No lo puedo decir con certeza.
Lo que sí puedo decir es que la golpeaban. No sé cuánto la golpearon esa noche, no sé si lo escuché todo. Yo desperté cuando oí que impactaba su cuerpo en las persianas de madera. 

Abrí mi ventana con el celular en la mano. Nunca dudé que es lo que había escuchado, sabía que la golpeaban y sabía que era a ella. Varias peleas lo habían anticipado. Él cumpliría esa noche sus amenazas.
911.
—Emergencias, ¿en qué puedo ayudarle?
—Buenas noches, llamo para reportar un caso de violencia d...De... Género.
Titubeo.
Las persianas del sexto piso se abrieron un poco y vi asomar una pierna. Medias negras. Pierna de mujer. Gritos de auxilio.
Casi me hago pis encima.
—¡Por favor, manden a alguien, un patrullero! Qui... Quieren... Él... Qui... Quiere tirar a su mujer por la ventana. ¡Estoy viendo como lo hace! 
Por fin salen las palabras.
Grito mi dirección y los datos. Alguien también grita, en realidad somos varias personas las que gritamos. El edificio es una colmena de gritones viendo un asesinato. Zumbamos la dirección y nos hacemos pis encima.
Otra mujer también llama a emergencias. Puedo escuchar el pánico en su voz. Un hombre asoma y mira, ve las piernas y escucho la amenaza. Grita: "¡Te voy a matar, hijo de puta!". El pelado grita de nuevo: ¡Te voy a reventar!.
Me dicen del otro lado que debo bajar y abrir la puerta al personal policial que va en camino. Lo escucho. Les digo: "ok, voy". Me visto y salgo de mi departamento.
Llamo al ascensor y espero. Salto en el lugar.
En el pasillo aparece un hombre.
Me apunta con un revólver en la cabeza. 
Yo estoy parado delante del ascensor y tengo un fierro en la frente. 
Años atrás, también en Capital Federal, un pibe me asaltó en la calle. Lo hizo supuestamente escondiendo un revolver bajo su buzo. No sabía si tenía un arma en serio o sí fingía con el dedo índice y sólo quería asustarme. Le dije que no tenía nada, que deje de joder con eso del arma. Me preguntó qué haría yo si él tuviese en verdad un arma y si me disparara. Yo respondí: "Morir, a menos que tengas muy mala puntería, pelotudo". No tenía una, ni tampoco me golpeó -aunque lo merecía-. Me escupió la cara y salió corriendo. Anoche, con el arma en la cabeza, y siendo increpado también respondí mal. "¿Vos sos el hijo de puta que golpea a su mujer?", yo respondí:"No. Pero, ¿qué haces con un arma, ridículo? ¿Qué sos? ¿Un superhéroe? Boludo". 
Justo apareció un tercero que bajaba corriendo las escaleras también llamado por los gritos. 
Yo tenía la puerta abierta del ascensor al que no subía, el pelado tenía un arma que todavía no disparaba y el tercero bajaba las escaleras porque el ascensor "no funcionaba".
Lo miró a él. Le preguntó lo mismo: "¿Vos sos el hijo de puta que golpea a su mujer?". También usó su arma como interpeladora. Se la puso en la frente tal como a mí. Él le dijo que no, que éramos del séptimo, que no estaba en el sexto. 
La guardó y nos miró con cara de pelotudo. Nos contó que había escuchado los gritos y que buscaba al tipo que quiso tirar a su mujer por la ventana. Quería exculparse. 
Lo sabíamos, no hacía falta. 
Decide irse, mi ascensor llega ante el segundo llamado. ¿Por qué se había ido?
La peor suerte de alguien que se cree un súperhéroe, un Punisher, un Nafta Súper (le hacía más honores a Oyola que a Marvel), es subir al piso equivocado, atacar a quienes no tienen nada que ver, dejar que el golpeador baje por el ascensor que nadie ocupaba. No solo quedar como un gil y no como el salvador de la noche, sino ser el otro gran problema del edificio. 
Me lo imaginaba después volviendo por donde vino, bajando al sexto, "tocándose" el revólver.  Sintiéndose un macho al rescate. 
Usaba sandalias de abuelo con medias. 
Boludo.
Bajo a recepción. Espero. Espero. Espero. Subo al sexto y escucho los llantos de la mujer. El marido se había ido. Gracias pelado. La rodeaban los vecinos, menos el pelado. 
Bajo de nuevo a recepción. Ningún policía. Llamo, me dicen que ya estaban en camino. Son diez cuadras y pasaron más de 15 minutos.
Parecían más, obviamente.
Espero. 
Baja un pibe. Del cuarto. Se va de joda, nada le importa. Me tira un "Cualquier cosa que necesites..." y se encapucha. Huele a perfume. Yo pienso su frase de nuevo: "Cualquier cosa que necesites... No sabes ni mi nombre, ni de que departamento soy. Estoy libre de compromisos. Chau". 
Empieza todo a ser un gran fastidio.
Veo pasar un patrullero. Puteo. Lo re puteo. Va en otra dirección. Se pierde rumbo a Liniers. Lo persiguen mis insultos quizás para nunca alcanzarlo. Miro la hora, son las 4 de la mañana, las piernas colgaban a las 2 y media. Son las 4, no puede ser esto. Estoy esperando, desesperando, cagado de frío. Estoy así desde hace hora y media. 
Me rindo y subo. 
Silencio en todo el edificio. 
Ruidos en mi cabeza. Ruidos en la cabeza de ella. Ruidos en la cabeza del golpeador. 
Hay un pelado que ronca como buen justiciero.

domingo, 21 de febrero de 2016

Eructás

VAN negra con detalles de calaveras pintadas con aerógrafo. Yo voy conduciéndola y vamos muy rápido. Tengo mi panza al aire y llevo puesto uno de esos cascos con tubos para tomar birras. Bebo, bebo y bebo mientras suena Motörhead. Mis flotadores,la poesía de la grasitud de mi cuerpo, se escapan por los costados de mi remera repleta de migas de Doritos. Sí, voy casi acostado en el asiento y eso hace que mi panza salga triunfante en la derrota de mis padres.
Muerte a mis padres.
Mi piel no tiene brillos, pero sí manchas.
Manchas, grasa, pelos, sudor.
Hace rato que tratas de decirme algo. Gritabas y me importaba una mierda.
De atrás vuela un bebé recién nacido que impacta en el parabrisas y cae en el asiento del acompañante. El cordón umbilical deja salir algo mucoso y sangre. La criatura solo hizo un ruido seco al golpear el vidrio y luego cayó ahí. Jamás lloró ni nada. No se mueve.
Miro por el retrovisor. Me gritas: "ahí está tu hijo, pelotudo. Saludalo".
Veo tu papada y tus brazos gordos como jamones gigantescos cruzados frente a tu pecho.
Eructás.
Mierda. Todo huele a mortadela de golpe.
Si viviese...—te digo—... Pobre... Tu hijo no tendría futuro.