miércoles, 9 de enero de 2013

de tripas, corazón


Ella tenía que cocinar y no cocinó. Tragó crudas a todas sus amarguras y vorazmente terminó con el plato de sus miedos. No cocinó. Ahora le duele, se queja, se retuerce y maldice. Pero por más que llore no hay alikal para el alma.

año nuevo en soledad


El viento jugaba con las botellas, como Queso lo hace normalmente. La lluvia extinguió todo, hasta las ganas de lanzar humo en esos cigarrillos que tiré en el piso mojado, solamente para verlos rebotar soltando chispas multiplicadas en el reflejo de los charcos. Tenía que encontrar una distracción. La noche del 31 en la que no estuve, pasó así, entre hileras de números impares, vagabundos vigilados por policías, un par de sandwiches desabridos y mis ganas de no ser.
Era la muerte de un año y yo renuncié a todos.

martes, 8 de enero de 2013

Filosofía cuántica

¨La curiosidad mató al gato¨, esas frases que utilizamos siempre captaron mi atención. 
Si analizamos, vemos que sus elementos son: Un gato, su caminar por la vida y la muerte y la curiosidad. 
Todo esto me sonó vinculado estrechamente con el gato de Schrödinger. ¿Será que de haber un felino dentro de una caja, quizás envenenando, la curiosidad pudo ser su salvadora?.
Claro que, este caso, el deseo de conocer no proviene del felino, sino de quien escucha de la posibilidad de que en cierto receptáculo ¨haya gato encerrado¨. Como también vinculado a todo esto, sugiere graciosamente este otro decir popular. 
Por supuesto, esa persona para conocer la realidad debe recurrir a lo empírico: ¿Habrá gato encerrado?.
Debe comprobarlo fijándose en la caja, siendo curioso. Aquí es donde la diversión se muestra en alternativas.
Una de ellas es que no exista un felino en cautiverio, y todo termine aquí. Pero también puede que exista y que este hombre se fije, o que, por el contrario, no lo haga.
Si sucede lo primero, la curiosidad puede salvar al gato de morir preso del encierro, ya sea por inanición, soledad, o cualquier motivo. La persona abre la caja y el felino aparece.
Paradójicamente, puede que, efectivamente, la curiosidad mate al gato. Ésto no es sino lógico, podemos decir que para que haya muerto, alguien debe saber que lo está. De no conocerse esto, es un gato desaparecido, olvidado. Un ser que jamás ha perecido, aunque ya no esté con nosotros (Videla ha de entender bien este punto).
Es decir, entonces, que si hay curiosidad, el animal puede no morir. Pero, ¿qué pasa si no hay deseos de saber?. En este caso, el gato puede, justamente, desaparecer en el olvido. Y, aunque nadie nunca lo sabrá, la curiosidad pudo traerlo de regreso, y, quizás, vivo.